lunes, 20 de junio de 2016

Reflexión Ontoenergética: Ontoevolución creativa.


Reflexión Ontoenergética: Ontoevolución creativa.


Estoy ante la puerta del Solsticio estival, asomándome al umbral de Litha, observo los cambios en el paisaje y pienso en la Abuela y Madre Tierra.

Veo el hermoso paisaje adquiriendo color veraniego en donde estoy e imagino los invernales en el hemisferio Sur. Imagino la maravillosa esfera Terrestre desarrollando sus evoluciones en esta franja de universo en la Vía Láctea y en el Sistema Solar.

Me veo a mí mismo, un pequeño e insignificante organismo consciente acomodado en una silla bajo el sol de la tarde garabateando en un papel. Muy cerca de mí, acompañándome, se encuentra un tierno gato predominantemente blanco con algunas manchas de colores atigrados, relajadamente adormilado sobre un cojín.

En mi mente acuden imágenes e ideas relacionadas con vivencias e informaciones presentes en mi consciencia.

Él como yo, como asimismo las plantas que nos acompañan en la pequeña terraza en la que estamos, somos seres vivos muy diferentes. Todos ellos hijos de la Madre Tierra, coexistiendo en ella. Me digo que no somos un mero accidente; sino una creación de Ella. Observo el paisaje que me rodea, un ambiente urbano del barrio de San Genís al pie de una pequeña sierra litoral llamada Colserola, de suelo arcilloso y pizarroso, poblada de variada vegetación de pinos y encinas acompañados de brezos, jaras, retamas, madroños y lentiscos entre otras especies vegetales. Acude a mi mente: “Gracias Madre Tierra por el don de la vida”. Cierro los ojos, me dejo ir y entonces me doy cuenta.


Veo la noosfera terrena, estoy en otra dimensión. En ella hay información intemporal coexistiendo el pasado, el presente, iniciando el futuro. Todo ello disponible, al alcance de todos los seres vivos terrestres. Más allá, como nubes radiantes de consciencia, de vida. Unos esféricos y compactados, otros menos compactados de aspecto algodonoso con numerosos glóbulos más o menos conectados entre sí; de todos ellos radiando en las dimensiones espacio-temporales sus destellos y rayos de luz. Yo soy un rayo de una esfera, soy su creación en mi aquí y ahora, mi personalidad. Otros destellos de esferas hermanas son los seres humanos coetáneos y de las formas globulares interconectadas emanan las especies orgánicas animales y vegetales que pueblan el planeta. Me doy cuenta que en tiempos remotos mi esfera de consciencia era un pequeño glóbulo procedente de un glóbulo mayor-madre del que me desprendí al tomar consciencia de mi especifidad, de mi individualidad. Siento que hay muchos globulos individualizantes que van desprendiéndose e individualizándose de su alma grupal. Todas ellas junto a la mía formamos parte de una inmensa nube-consciencia que rodea al planeta en un continuo movimiento. Del mismo modo como el agua de los mares se evapora ocasionando las nubes; de forma análoga, de los océanos de consciencia planetaria van produciéndose las masas globulosas de consciencia-vida en diversos estadios de evolución y consciencia. De la dimensión espacio-temporal surgen nuestros cuerpos físicos, de la otra-as dimensiones de la Tierra se generan las condiciones de consciencia-vida de todos los seres que la pueblan.

Todos los seres vivientes somos diferentes manifestándonos en la tercera dimensión; en las superiores todos estamos nadando en un único océano de consciencia terrestre de la cual hemos surgido y en la cual evoluciona nuestra consciencia hacia la identidad y consciencia de ser.

Así pues estamos ligados filialmente a una grandiosa, esplendorosa y oceánica manifestación de energía-consciencia autoconsciente a la que llamamos Abuela Tierra, el alma de nuestro planeta. Y con ella, sus fraternos planetas y cuerpos planetarios con sus propias noosferas de las que emanan asimismo masas de energía- consciencia evolucionante. Soy consciente de que lo que evoluciona en tales noosferas multidimensionales no puede manifestarse en seres orgánicos tridimensionales. La mayoría son seres inorgánicos, sin cuerpo denso tridimensional, también en diversos niveles de evolución de consciencia.

Y todos estamos acogidos por otra super-consciencia estelar, el Sol, que da lugar al Sistema Solar.

Ahora, mi consciencia-madre, mi alma por así decirlo, evoluciona y adquiere conocimiento mediante ésta, mi personalidad, junto a todas aquellas que son como rayos y destellos de un sol; aunque desde mi experiencia vital como organismo denso tridimensional sólo puedo organizar de forma lineal partiendo de un pasado y proyectándome a un futuro. Formo parte de un grupo en un estadio evolutivo común; conmigo hay a su vez otros grupos más aventajados y evolucionados y otros menos. Así lo siento, aunque me resulte contradictorio. Seguramente en un estadio dimensional más alto, estos grados de diferencias que percibo, sean sólo uno. Por el momento existo en este estadio con sensación de diferenciación. Preciso crear y proyectar personalidades con el objetivo de adiestrarme en arte de crear, de ser creador utilizando la consciencia en una diversidad de supuestos diferentes con poder de elección en libertad. De cada personalidad, existencia concreta en el espacio-tiempo lineal adquiero conocimiento y destreza en algunos ámbitos creativos y, asimismo, interactúo con las personalidades creadas por otras consciencias-madre o almas como la mía.

Sé que llegará el momento en que ya no precisaré emitir más personalidades al mundo tridimensional y, al tiempo me independizaré de la noosfera terrestre, pasando a formar parte conscientemente de la solar. Entonces seré inorgánico en el sentido de no precisar de una manifestación tridimensional (corporal). Otras funciones desempeñaré cada vez con mayor independencia de la Abuela y Madre Tierra, sintiéndome fluir en el más basto océano propio del Sistema Solar. Haciéndome cada vez más consciente de mi vinculación y presencia en el ámbito Galáctico y en posteriores eones del Cósmico y en su última fase de fusión con la Totalidad. Me veo que en esta evolución a través de eones veré envejecer la Tierra y el propio Sistema Solar, presenciaré el nacimiento de nuevas estrellas y sistemas planetarios y asimismo presenciaré la creación de galaxias y universos en los que participaré entusiastamente contribuyendo con mi experiencia creativa conforme a mis estadios de evolución.
No me sorprende verme en eones aún más lejanos constituir la consciencia de un planeta como ahora es la Tierra y más adelante de una estrella como ahora nuestro Sol, con procesos vitales de miles de millones de años.

Todos estamos llamados a serlo asimismo. Todos, todos, incluyendo a las consciencias que lentamente van individualizándose, adquiriendo consciencia de su propio ser a partir del plasma de consciencia del propio planeta Tierra, volviendo otra vez a éste, mi presente. Los que no somos aún, los que somos y los que trascienden los ámbitos dimensionales más allá del espacio-tiempo.

 Y ahora abro los ojos viendo cuanto me rodea en un barrio del norte de la ciudad de Barcelona, al pie de la Sierra Colserola, con tanta vida evolucionante que me envuelve y de la que soy parte. Y repito: “Gracias Abuela y Madre Tierra. Gracias Abuelo Sol. Gracias Gran Misterio por vuestra inspiración y el don de la vida.”
Cuando el pasado, el presente y lo que será se une en el Uno, ya no sólo se da el amor propio de la fraternidad, sino el amor incondicional que sólo podemos manifestar como sintiéndonos ser partícipes indiferenciados de la Creación Universal.

Ernesto Cabeza Salamó, 19/06/2016

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